Etología canina
Qué trato en perros: miedos, reactividad, ansiedad por separación y agresividad.
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Es la pregunta que más me hacen, también cuando me entrevistan. Aquí la respondo entera: qué es la etología, qué hace un etólogo veterinario, en qué se distingue de un adiestrador y cuándo te interesa llamar a cada uno.
La etología es el estudio del comportamiento animal. La etología clínica —la que ejerzo yo— es la especialidad veterinaria que se ocupa de prevenir, diagnosticar y tratar los problemas de comportamiento de perros y gatos, con el objetivo de mejorar su bienestar y la convivencia con su familia.
Dicho en corto: un etólogo veterinario es el profesional al que se acude cuando un animal tiene fobias, ansiedad o estrés, o cuando presenta agresividad o reactividad —que no son emociones como las anteriores, sino una consecuencia de ellas—, o cualquier conducta que le está haciendo la vida difícil a él o a quien vive con él.
Mucha gente nos busca así, y como imagen no está mal. Yo suelo explicarlo diciendo que somos una mezcla de psicólogo y de psiquiatra: trabajamos con emociones, con aprendizaje y con bienestar, y tratamos la emoción dañada, no el síntoma ni la consecuencia. Además, al ser veterinarios, podemos explorar al animal y descartar enfermedades o dolencias que puedan estar causando o empeorando el problema de comportamiento, y podemos utilizar medicación con psicofármacos cuando el caso lo necesita.
Esa parte médica es una diferencia grande y muy común. Un porcentaje nada pequeño de los problemas de conducta empieza en un dolor que nadie ha visto: una artrosis, un problema dental, una cistitis. Si eso no se descarta primero, se acaba trabajando la conducta sobre un animal que lo que necesita es tratamiento.
No es una competición. Son dos oficios distintos que muchas veces se complementan, y conviene saber a quién llamar en cada momento.
Aparte de por toda la evidencia científica que hay detrás, porque no arregla el problema: lo tapa. El castigo suprime la señal —el gruñido, el bufido, el aviso— pero deja intacta la emoción que la provoca. Un animal que ha aprendido que avisar sale caro deja de avisar, y entonces el episodio siguiente llega sin previo aviso. Se trabaja con manejo, cambios en el entorno, modificación de conducta y, cuando hace falta, tratamiento médico.
Si te queda alguna duda sobre si tu caso es para mí, llámame y te lo digo con franqueza.
663 25 34 52Qué trato en perros: miedos, reactividad, ansiedad por separación y agresividad.
Qué trato en gatos: arenero, convivencia, hiperestesia y miedo.
Quién soy, de dónde vengo y cómo trabajo.
Cuéntamelo en dos líneas y te digo con franqueza si lo es o si te conviene otro profesional.